Feb 122014
 

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La humanidad vive un momento francamente interesante pero trágico, donde las decisiones de una exigua minoría (y esto lo vemos muy claro en nuestro país pero también a escalas mayores y menores) se están demostrando nefastas para el conjunto. Necesitamos ganar en inteligencia colectiva, y eso hoy es muy posible, insertando herramientas de participación y deliberación basadas en las TIC.

Hoy en día las nuevas tecnologías están cada vez más presentes en todas las áreas de la sociedad. Nos comunicamos con familia, amigos y conocidos por móviles, (y los más jóvenes por email, whatsapp, facebook, twitter, skype…) en nuestras compras usamos una extensa red de cajeros automáticos. Parkings, oficinas de información, servicios técnicos, etc. Podemos hacer compras y contratar viajes por internet, elegir nuestro asiento en el cine, e incluso sellar el paro o pagar multas remotamente. Comprar algo por internet a Honk Kong y tenerlo en 2 días.

 En Hacienda podemos hacer la renta con datos complejísimos. Lo último son sistemas para controlar y facilitar el tráfico y incluso “preveer” dónde se dan o pueden darse los atascos…

¿Pero qué pasa con la Democracia? ¿Qué pasa con la voluntad de las personas? Ah, aquí no, aquí volvemos al XIX con urnas de plástico y papeletas con listas de nombres que casi nadie conoce… Y no se ve una voluntad política para cambiar este estado de cosas con 4 falsedades que se repiten hasta la saciedad: que no estamos preparados, que no es seguro, que es caro, que si la brecha digital…

Hoy más que nunca es posible llegar a lo que Rousseau llamó “voluntad general”. Paradójicamente, solo hay que hacerlo, facilitarlo. Y consultar. A la derecha no le gusta esto de consultar al pueblo, pero algunos discursos de la izquierda hoy, que se autodenomina “progresista” están muy alejados de la idea de Democracia Real, y van cayendo las caretas en muchas de sus declaraciones,  donde parece que cunde el miedo a la opinión de la ciudadanía, desde Zapatero (“No creo en los referendos; La ciudadanía española no estaba ni está preparada para votar directamente la reforma de la Constitución”) hasta Alberto Garzón (“Las primarias abiertas son en última instancia un producto de la democracia liberal de mercadoel sentido común, no es otra cosa que la ideología de la clase dominante”, “Es más fácil acertar cuando mucha más gente participa de la deliberación, pero aun así no se garantiza el acierto político. De hecho, incluso un dedazo puede acabar siendo un acierto político  a pesar del método”) que van en el sentido de poner las ideas encima de la gente, y el acierto político por encima de la democracia, en un ideario ya roto de liderazgos de la masa a la que no conviene dejar opinar.

La Constitución se ha puesto, y se sigue poniendo por encima de los seres humanos y de sus aspiraciones. Gente que en su mayoría no la ha votado, y aun los que lo votaron solo pudieron hacerlo más que con un burdo SI/NO, sin matices, sin deliberación, sin elección de articulado. Pues a esos “demócratas” de pacotilla parece que hay que recordarles que la constitución es para y por las personas y no al contrario,  hay que recordarles a tenor de la deriva política que padecemos, la necesidad de un urgente proceso constituyente basado en el poder constituyente, continuo, sin cortapisas ni límites temporales, que todas las personas tenemos en todo momento.

Pero como telón de fondo, no hemos de olvidar que no puede a aspirarse a una democracia “política” cuando gran parte de nuestro tiempo y esfuerzo se desarrolla en la empresa, hoy, sobre todo las grandes, instrumento para el beneficio de unos pocos en estructuras cada vez más profundamente antidemocráticas. Por lo tanto, si paralelamente no se habla, se discute, se propone y se lleva a primer término otro modelo democrático en la empresa, y se resuelve el problema social, es decir, la sempiterna relación entre capital y trabajo, no habrá mucho que hacer. Lamentablemente la izquierda más clásica no ha propuesto nada nuevo de 50 años para acá, al seguir la dialéctica histórica de Marx, confrontativa en su “lucha de clases” y no una dialéctica conceptual como la que propusiera Proudhon a Marx en casa de Bakunin. Como decía José Luis Montero de Burgos, es necesaria una nueva relación entre capital y trabajo que tenga por centro a las personas como “seres que deciden” por su propia condición de serlo y por su riesgo, y no según los objetos que se posean. Una pena que no se debata de estas cosas que están en la raíz de nuestra situación hoy y en el fracaso de socialismo real – y por cierto del capitalismo – que al respecto de este punto son primos hermanos al relacionarlo todo con los medios de producción, el poder de las cosas y el poder de los territorios, relegándonos a las personas (que somos los únicos sujetos de derecho) al papel de meros objetos.

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