
Hoy el gran desencanto de ciudadanía no es con el bipartidismo mayormente, sino con todo el sistema político y económico heredado de la transición y que ha dado a lugar a un divorcio entre la política y la voluntad de la ciudadanía. Alejamiento que se expresa en una democracia formal hoy deficiente y anacrónica que no ha movido un pelo durante 35 años y en un sistema económico cada vez más groseramente neoliberal donde se han perdido muchos de los derechos sociales y civiles de últimas décadas.
La respuesta corta es que esa unión será posible en tanto la Izquierda Política* (En adelante IP) haga suyas las demandas de las fuerzas más conscientes y renovadoras de la sociedad surgidas alrededor del 15M y las mareas, pero no solamente para el programa, sino para su propio funcionamiento interno. De otro modo, seguramente habrán de surgir otras fuerzas que expresen, en fondo y forma, los anhelos de la ciudadanía. Es quizás una oportunidad única de confluencia y renovación (o supervivencia) de la IP, que de no producirse, abocará al desastre a la propia IP y posiblemente al propio sistema.
Pero ¿Qué tienen en común la izquierda política y a los movimientos sociales y qué les diferencia?


