Jun 052014
 

En un momento crucial de la historia del Estado Español, se sigue supeditando todo a la supremacía del texto de la Constitución Española de 1978, esto es, votada ya hace casi 36 años, para justificar cualquier impedimento al propio pueblo soberano, para opinar y decidir sobre la continuidad del régimen y la posibilidad abrir un nuevo proceso constituyente. Lo más curioso y paradójico es que algunos incluso tienen el cuajo de decir que la petición de un simple referendo es “profundamente antidemocrática”. O que no existe nada fuera de la Constitución.

Recordemos que el preámbulo de la vigente Constitución reza que la Nación española proclama su voluntad de (entre otras cosas) establecer una sociedad democrática avanzada. Pues hace tiempo que parece se vulnera el espíritu y objetivos de nuestra actual carta magna

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Jul 122013
 

democracia-digital1

Actualmente las nuevas tecnologías están cada vez más presentes en todas las areas de la sociedad. Nos comunicamos con nuestra familia, amigos y conocidos por teléfonos móviles, (y los más jovenes por email, whatsapp, facebook, twitter, skype…) en nuestras compras la mayoría usamos una extensa red de cajeros automáticos y terminales móviles. Parkings, oficinas de información, servicios técnicos, etc. Podemos hacer compras y contratar viajes por internet, elegir nuestro asiento en el cine, e incluso sellar el paro o pagar nuestras multas remotamente. Siguiendo con el aspecto económico, Hacienda tiene todos nuestros datos, en muchos casos complejísimos, y sabe en cada momento lo que hemos ganado, y nos facilita la vida pudiendo hacer la declaración con un sólo click, tal como se publicita desde el propio Gobierno. Lo último son sistemas para controlar y facilitar el tráfico y incluso “preveer” dónde se dan o pueden darse los atascos…

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Jul 012012
 

leyelectoral

Aunque la Constitución habla de democracia avanzada y proclama el voto igual y de representación proporcional, la realidad es bien distinta. La actual ley electoral, una mala mezcla de los sistemas mayoritario y proporcional no ayuda al avance de la democracia: los votos en algunas provincias valen hasta cinco veces más que los de otras. No guarda la proporción ni el mero orden en que los votantes colocan a los partidos. Alienta la descohesión de las ideas, propicia la fragmentación territorial y la continua discusión sobre aspectos localistas, que enmascaran y distraen de problemas más serios, vaciando de significado a su vez al Senado. Castiga la llegada de propuestas alternativas y visiones políticas nuevas, propicia una visión decimonónica de la sociedad, sesgando hacia las áreas más despobladas en detrimento de las grandes urbes. Ocurre que el sufragio acaba siendo en realidad desigual y no universal, tirando a la basura millones de votos en cada elección, no respetando ni representando el voto en blanco y viciando y condicionando, a causa del efecto del “voto útil”, la elección directa de lo que los electores desean.

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